LA EDUCACIÓN EN MESOAMÉRICA
Las culturas como la
zapoteca, la maya o la teotihuacana no transmitían sus conocimientos y formaban
las conciencias de su población infantil y juvenil por medio de la escuela. Más
aún, no es verosímil, que pueblos mucho más antiguos como el olmeca, hayan
carecido de instituciones dedicadas a transmitir el conocimiento e inculcar los
valores y las tradiciones a los hijos.
Los conquistadores
investigaron las formas de vida, creencias, instituciones e historia mexicas y
registraron la información en español, en letra latina. Por su parte los
indígenas aprendieron el sistema fonético latino y lo utilizaron para
transcribir al papel su historia y sus tradiciones en su propia lengua. A
partir de estos escritos conocemos con un poco de detalle la vida
mesoamericana.
El culto a los dioses iba
ligado al trabajo, un trabajo en el que se instruía al ser humano, con
discursos elaborados, a partir del nacimiento y hasta el momento en que el
cadáver era despedido de los suyos en los ritos mortuorios, entendiéndose que,
para los mexicas, el alma del niño y el cuerpo del difunto estaban capacitados
para escuchar y atender lo que se les decía en aquellas floridas piezas de
oratoria.
El maestro cumplía un papel
protagónico en la sociedad, y era un personaje de gran aprecio en la sociedad
mexica. Los Tlamitinime eran los maestros que humanizaban los rostros, que era
la manifestación de un yo que se ha ido adquiriendo y desarrollando por la
educación. Pensaban que con la educación se hacían los sabios, los rostros
ajenos y se humanizaba el corazón de la gente. Con el espejo que les ponían
delante para hacerlos cuerdos y cuidadosos, se les daba a su personalidad. Se
llamaba la Ixtlamachiliztli, a la acción de dar sabiduría.
En cuanto a la formación del
niño y la niña mexica, eran consagrados unos a la preparación militar y otros a
los estudios de la ciencia y el sacerdocio. A los niños varones, desde
pequeños, los padres procuraban llevarlos al maestro del Calmécac o el
Tepochacalli, para inscribirlos y prometerlos en cualquiera de las dos
escuelas. Con objeto de que llegado el momento entrasen a ellas después de los
ocho años. Los hijos de los nobles iban al Calmecac para consagrarlos a
Quetzalcóalt y al estudio que los prepararía para el sacerdocio y puestos
elevados de administración pública y jurídica. Era vida de penitencias
rigurosas, de ayunos y renunciamientos.
Los consagrados a
Tezcatlipoca en el Tepochcalli, en donde básicamente se entrenaba a los jóvenes
para la guerra, llevaban una vida menos rigurosa. Pero si algún estudiante se
distinguía, podía pasarse al Calmecac.
La diferencia de
educación de los niños plebeyos y los nobles, estaba en razón directa de las
responsabilidades y privilegios que tendrían los estudiantes en su vida adulta.
En primer lugar, había una gran continuidad en la especialidad familiar de
trabajo: por regla general, existía la rigidez de la herencia paterna en el desempeño
de las profesiones, y buena parte de la transmisión de los oficios era una
actividad educativa doméstica.
En cuanto a la educación
formal, había una enorme distinción en cuanto al rigor disciplinario del
telpochcalli y el calmécac. El niño plebeyo, al tener que auxiliar a su familia
desde edad muy temprana en las actividades económicas, entre ellas las
agrícolas, tenía más facilidad para entrar y salir con frecuencia del
templo-escuela. Llegado a la madurez sexual, el joven tenía ciertas libertades,
como la de pasar ocasionalmente la noche fuera del templo.
En cambio para el niño noble
la vida era muy dura: en primer lugar, al menos en el plano normativo e ideal,
tanto la muchacha como el joven nobles eran castos. La virginidad, incluida la
masculina, era muy apreciada entre los mexicas, y una de las virtudes que se
estimaban en el guerrero era su alejamiento de la carnalidad. Los jóvenes y las
doncellas nobles vivían encerrados en sus escuelas, sometidos a una estricta
vigilancia. Si algún muchacho era sorprendido en aventuras amorosas, se le
chamuscaban los cabellos, se le lanzaba a la calle y nunca más podía volver con
sus compañeros de escuela.
En cuanto al trato de
los niños nobles en las escuelas, las fuentes documentales dicen que los alimentos
que les llegaban de sus casas no eran entregados específicamente a un
destinatario familiar, sino que se distribuían entre todos, arrojándoles la
comida para que aprendieran a ser humildes.
La diferencia en el trato
iría a ser un argumento más que los nobles esgrimirían para ejercer las
actividades directrices de la sociedad, y a partir de ellas, para gozar de una
vida adulta privilegiada. Ostentaban sus poderes y prerrogativas
justificándolos por distintas vías: el ser descendientes de un dios patrono,
Quetzalcóatl, que les había legado la función del mando; el pertenecer a
linajes de hombres que, supuestamente, habían cumplido sus obligaciones con
responsabilidad, habilidad y moralidad extremas a través de todas las
generaciones, y en tercer lugar, precisamente, el haber sido educados en el
rigor los nobles y en la ligereza los plebeyos.
No había un solo niño que no
tuviera la obligación de ir a la escuela. La enseñanza se daba a todos los
miembros de la sociedad como un derecho y una obligación comunales. La
obligación quedaba reforzada ideológicamente por medio de las creencias
religiosas. Se creía que todo recién nacido que no era llevado al
templo-escuela estaba en un grave peligro de perder la vida, pues carecía de la
protección del dios tutelar. Era una especie de "inscripción"
religiosa, basada en la creencia de que el individuo tenía varias almas, que
era posible desprenderse de porciones de ellas y que las porciones quedaban
comunicadas entre sí. El niño era llevado ante los sacerdotes del
templo-escuela, que lo recibían en nombre del dios tutelar.
Como los sacerdotes no
podían quedarse al cuidado del recién nacido, lo devolvían a sus padres, pero
retenían como prenda unas cuentas en las que se creía que estaba depositada una
porción del alma de la criatura. En esta forma, a la distancia, el niño era
protegido por el dios de su templo en tanto que llegaba a la edad apropiada
para ingresar en calidad de sacerdotillo. El escolar encontraba en el templo
una organización jerárquica. Había estrictas reglas de ascenso que permitían a
los más dedicados ir alcanzando sitios que los iniciaban a una vida adulta
también jerarquizada. Salían a la edad del matrimonio. La sociedad mexica,
preocupada, como muchas otras sociedades militaristas, por la reproducción de
sus miembros, daba un alto valor a la constitución de la familia.
La forma normal de dejar la
escuela era la solicitud del permiso para casarse. El celibato era muy mal visto, a menos de que se
renunciara a la formación de una familia para hacer una carrera de
maestro-sacerdote.
Aspectos Educativos en la Nueva España
Las escuelas durante la época colonial,
estuvieron en manos de la iglesia y se edificaron a un lado de los templos
católicos, los jesuitas, agustinos y dominicos fueron las órdenes religiosas
que llegaron a la Nueva España a inicios del siglo XVI
Su propósito era la evangelización de los habitantes de "Las indias" a la religión católica y la enseñanza, así como cómo lo había ordenado el rey de España, y para ello asignó dinero y hombres para su educación
Estas órdenes se encauzaron a la tarea educativa, fundando colegios como :El Colegio de San Pedro y San Pablo, que se constituyó en el más importante centro de formación intelectual. Se consideró una institución de tipo mixta al comprender dos áreas: la filosófica, que englobaba la gramática, la dialéctica y la retórica; y la científica que comprendía aritmética, geometría, astronomía y física
Su propósito era la evangelización de los habitantes de "Las indias" a la religión católica y la enseñanza, así como cómo lo había ordenado el rey de España, y para ello asignó dinero y hombres para su educación
Estas órdenes se encauzaron a la tarea educativa, fundando colegios como :El Colegio de San Pedro y San Pablo, que se constituyó en el más importante centro de formación intelectual. Se consideró una institución de tipo mixta al comprender dos áreas: la filosófica, que englobaba la gramática, la dialéctica y la retórica; y la científica que comprendía aritmética, geometría, astronomía y física
Los colegios en la Nueva España formaron
parte del proyecto humanista de convertir a los indígenas al cristianismo, y
estas actividades contribuyeron a la conservación de la paz y la tranquilidad
del reino.
Para este proyecto humanista los frailes destinaron un tiempo y un local al lado de la iglesia para iniciar a los niños en la doctrina cristiana, además les enseñaban a leer, escribir, cantar, tocar instrumentos musicales, ayudar a la misa, atender la sacristía y, en especial de acuerdo a Torquemada (1975), llevar una vida en común y fabricar cuerpos sanos que garantizaran la sumisión y obediencia para la limpia reproducción del reino.
Los colegios marcaron enfáticamente la división para atender a los hijos de los conquistadores y a los hijos de los conquistados, pero además en éstos últimos existió la separación para educar a los hijos de los pudientes y a los de los indigentes.
Prueba de lo anterior es que entre 1526 y 1527 se fundaron dos tipos de colegios; uno para transformar a los hijos de la nobleza indígena en caballeros de la nobleza novohispana y otro para que los hijos de labradores y gente plebeya aprendieran la doctrina cristiana, las artes y los oficios.
En el mismo lugar donde había funcionado el Calmecac o escuela de los hijos de los principales mexicanos y de donde había partido la más feroz oposición militar contra los españoles, se fundó en 1536 el colegio de Tlatelolco, que fue un modelo de conversión abrigado por los franciscanos.
En Tlatelolco se reclutó a jóvenes de las distinguidas familias de los tiempos pre colonial y se formaron a los primeros religiosos cristianos indígenas imponiéndoles una rigurosa disciplina.
Con relación a las mujeres se inició con las hijas de la nobleza indígena para enseñarles la doctrina cristiana y las buenas costumbres como si fueran monjas, pues sólo salían de la clausura para enseñar a otras mujeres en los patios de las iglesias o en las casas de las señoras.
El colegio de la Caridad se fundó en 1538 para españolas y mestizas de todas las edades, con la idea de que salieran directamente a la boda, se les enseñaba a cantar, rezar, los salmos, la misa y en especial el taller de labores femeninas, todo esto se realizaba en silencio y devoción.
En este colegio se debían tratar las alumnas entre sí con amor y caridad, procurando que no hubiera disensiones ni palabras injuriosas. Si no obedecían a su rectora se le informaba al cabildo y podían recibir castigos, perder su dote y ser expulsadas.
Mención especial merece la educación que impartieron en la Nueva España los jesuitas, quienes introdujeron la idea tridentina de la educación integral: de la mente, el espíritu y la conducta; más escolarizada para las familias novohispanas acomodadas, como los hijos de hacendados, mineros, ganaderos, comerciantes y altos funcionarios. Menos escolarizada para los indígenas, las mujeres, los enfermos, los presos, campesinos y los negros.
Para este proyecto humanista los frailes destinaron un tiempo y un local al lado de la iglesia para iniciar a los niños en la doctrina cristiana, además les enseñaban a leer, escribir, cantar, tocar instrumentos musicales, ayudar a la misa, atender la sacristía y, en especial de acuerdo a Torquemada (1975), llevar una vida en común y fabricar cuerpos sanos que garantizaran la sumisión y obediencia para la limpia reproducción del reino.
Los colegios marcaron enfáticamente la división para atender a los hijos de los conquistadores y a los hijos de los conquistados, pero además en éstos últimos existió la separación para educar a los hijos de los pudientes y a los de los indigentes.
Prueba de lo anterior es que entre 1526 y 1527 se fundaron dos tipos de colegios; uno para transformar a los hijos de la nobleza indígena en caballeros de la nobleza novohispana y otro para que los hijos de labradores y gente plebeya aprendieran la doctrina cristiana, las artes y los oficios.
En el mismo lugar donde había funcionado el Calmecac o escuela de los hijos de los principales mexicanos y de donde había partido la más feroz oposición militar contra los españoles, se fundó en 1536 el colegio de Tlatelolco, que fue un modelo de conversión abrigado por los franciscanos.
En Tlatelolco se reclutó a jóvenes de las distinguidas familias de los tiempos pre colonial y se formaron a los primeros religiosos cristianos indígenas imponiéndoles una rigurosa disciplina.
Con relación a las mujeres se inició con las hijas de la nobleza indígena para enseñarles la doctrina cristiana y las buenas costumbres como si fueran monjas, pues sólo salían de la clausura para enseñar a otras mujeres en los patios de las iglesias o en las casas de las señoras.
El colegio de la Caridad se fundó en 1538 para españolas y mestizas de todas las edades, con la idea de que salieran directamente a la boda, se les enseñaba a cantar, rezar, los salmos, la misa y en especial el taller de labores femeninas, todo esto se realizaba en silencio y devoción.
En este colegio se debían tratar las alumnas entre sí con amor y caridad, procurando que no hubiera disensiones ni palabras injuriosas. Si no obedecían a su rectora se le informaba al cabildo y podían recibir castigos, perder su dote y ser expulsadas.
Mención especial merece la educación que impartieron en la Nueva España los jesuitas, quienes introdujeron la idea tridentina de la educación integral: de la mente, el espíritu y la conducta; más escolarizada para las familias novohispanas acomodadas, como los hijos de hacendados, mineros, ganaderos, comerciantes y altos funcionarios. Menos escolarizada para los indígenas, las mujeres, los enfermos, los presos, campesinos y los negros.
¿En qué consiste el
sistema lancasteriano?
Consiste en una organización donde el maestro alienta a los estudiantes más aventajados.
Sirven de monitores, para lograr enseñar a los demás.
Cada monitor tiene a sus discípulos, al igual a un inspector que vigila el proceso de aprendizaje
Consiste en una organización donde el maestro alienta a los estudiantes más aventajados.
Sirven de monitores, para lograr enseñar a los demás.
Cada monitor tiene a sus discípulos, al igual a un inspector que vigila el proceso de aprendizaje
La
primera escuela que se abrió de manera privada fue la Compañía Lancasteriana.
El objetivo de estas instituciones era difundir en México la enseñanza
mutua/libre. El sistema Lancasteriano fue adaptado por Bell y Lancater de
origen Inglés. La organización o el método que usaban era muy diferente al que
hoy en día se está acostumbrado debido a que el trabajo del profesor consistía
en elegir a los estudiantes más destacados, los cuales después enseñaban a 10 o
20 niños en forma de un semicírculo, a éstos enseñantes se les llamaba
monitores, además de estos, existía un funcionario más importante, el inspector,
su función era de vigilar a los monitores, de entregar y recoger de éstos, los
útiles de la enseñanza y de indicar al maestro los que deben ser premiados o
sancionados. Su función del docente a la hora de clase consistía en observar la
marcha del aprendizaje y a mantener la disciplina. La enseñanza en las escuelas
Lancasterianas era en un lugar amplio y "convenientemente distribuida,
facilita las tareas escolares que el maestro ha planeado y explicado de
antemano a los monitores. Un severo sistema de castigos y premios mantiene la
disciplina. El maestro era como un jefe de taller que lo vigilaba todo y que
intervenía en los casos difíciles".
En lo que respecta al
material y el mobiliario escolar, la escuela lancasteriana tenía una plataforma
que era usada por el maestro, unos bancos para los niños, el telégrafo, los
semicírculos, los pizarrones, los punteros y los cartelones. El telégrafo, era
una tabla con la que el maestro daba órdenes a los inspectores o monitores,
sobre la marcha del aprendizaje.
La táctica y la
disciplina era custodiada por celadores o instructores y monitores, y estos se
basaban en cuadros de honor, cuadros negros, orejas de burro y en premios y
castigos para que la disciplina se hiciera hacerse valer. El inspector vigilaba
a los instructores y se hacía cargo de entregar y recoger los instrumentos para
las materias a impartir, y al finalizar el día, el maestro indicaba al
instructor quien debía ser castigado o premiado.
Los monitores eran los
encargados de las asignaturas en las escuelas lancasterianas y se iban rolando
entre los grupos, unos monitores podían ser de lectura, de escritura o
aritmética, aunque también algunos podían ser monitores de dos o tres
asignaturas. El plan de las escuelas lancasterianas consistía en tres asignaturas,
las cuales eran: lectura, escritura y cálculo elemental.
Los congresos pedagógicos y
los primeros intentos para la organización del sistema educativo nacional.
El siglo xix resulta de gran
importancia es fundamental para comprender la construcción de un sistema
educativo moderno organizado y dirigido por el Estado. De allí la pertinencia
de hablar de los orígenes de la política educativa Contemporánea.
En su art. 1° se anota que
la educación ha de ser pública y gratuita
El art. 3°, todo ciudadano
tiene derecho a instruirse; nadie ha de pagar por ella, y la instrucción será
uniforme y por los mismos métodos y tratados elementales.
Art. 6°, se suprimen los
gremios de maestros, pues todo ciudadano tiene facultades de formar establecimientos
de instrucción.
Arts. 11° y 12°, la
Instrucción Pública estará a cargo de una Dirección Nacional
Art. 33°, prescribe que se
establezcan escuelas públicas de primeras letras para instruir a los niños y
formar sus costumbres en utilidad propia y provecho de la nación
Así mismo, se establece un
currículo para la primaria; en éste, se presentan las asignaturas de lectura,
escritura, aritmética, geometría, gramática, catecismo religioso y moral,
dibujo y dos materias fundamentales para el nuevo Estado: Constitución del
Estado y Catecismo Político, es decir, se da un espacio al tema cívico y por
tanto a la formación (si bien incipiente) de ciudadanos
Este proyecto consideró la
educación de las niñas y de los adultos y se ordenó la creación de escuelas
para atenderlos.
La educación de primeras
letras fue la prioridad del gobierno, es decir, la que atendía la enseñanza de
la escritura y la lectura fundamentalmente, aunque también se dio atención a la
educación superior; las carreras establecidas fueron: teología, jurisprudencia
canónica y civil, medicina, cirugía y farmacia y ciencias naturales.
Las buenas intenciones de
Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria fueron eso: un
excelente propósito que no se llevó a cabo; la razón fue la falta de recursos
económicos, maestros y espacios escolares.
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